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¿Homenaje a Gumersindo de Estella?, ¿Porqué?

Viernes 28 de marzo de 2014, por kike

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Estos días nos ha sorprendido la noticia en los medios de comunicación de que el Ayuntamiento de Zaragoza, aconsejado por historiadores de la Universidad de Zaragoza, quiere hacer un homenaje, con cesión de espacio incluida en el cementerio de Torrero, al fraile capuchino, Gumersindo de Estella por su labor espiritual y su “supuesta” crítica durante los primeros años de la Dictadura franquista en Zaragoza. Noticia que sorprende por el silencio y la falta de reconocimiento a cientos de zaragozanos y aragoneses que si dieron su vida por luchar contra el franquismo.

Desde el Área de Memoria Histórica de CGT queremos mostrar nuestro desacuerdo no solo con este homenaje sino con la imagen que se está vendiendo de Gumersindo de Estella.

Gumersindo es conocido por el diario que llevó a cabo durante los años que llevó a cabo su trabajo espiritual en la cárcel de Torrero de Zaragoza, diario en el que recogía los testimonios de los reos condenados a muerte en sus últimas horas, momentos que el padre Gumersindo utilizaba para intentar la salvación de sus almas convenciéndolos para qué se confesasen y volviesen a la senda de la Iglesia. Dichos testimonios recogidos en su diario son de una gran crudeza ya que narra cómo son ejecutados y el sufrimiento de sus últimos momentos de vida.

Sí que es reconocible el valor histórico de los diarios de Gumersindo y la ayuda excepcional que ha supuesto para los historiadores para conocer y tener detalles de una de las partes más tenebrosas y oscuras de la dictadura.

Pero otra cosa es reconocer su labor histórica como persona crítica al Régimen y al papel de la Iglesia y convertirlo en un símbolo de la crítica al franquismo.

Gumersindo es trasladado a Zaragoza al inicio de la Guerra Civil. El propio Gumesindo denuncia que es trasladado por las intrigas que hay dentro de su Convento para renovar los cargos de dirección, que como la normativa de la Orden prohíbe su traslado forzoso a otro Convento se busca otro medio, que es la denuncia civil. El propio Gumersindo denuncia que la queja de los dirigentes carlistas de Iruña por no ser afecto al Régimen es una falsedad y que lo que se oculta son las luchas internas de sus propios compañeros.

Una vez en Zaragoza inicia su labor espiritual atendiendo a los reos republicanos de la cárcel de Torrero condenados a muerte, labor que recoge en un diario junto a sus reflexiones personales, en las cuales si reconoce que el papel de la Iglesia en la Guerra no es el que debería haber sido, que debería ser neutral.

Sin embargo esta labor espiritual tiene al menos una crítica moral; para Gumersindo de Estella lo más importante es su labor espiritual y lograr que los reos acepten los sacramentos y se pongan en paz con Dios, y para lograrlo va a realizar una labor qué, al menos desde el punto de vista moral, es reprochable. No duda es “atosigar y presionar” a los condenados a muerte hasta el último instante de sus vidas, no respetando su derecho a pasar sus últimos minutos de vida como ellos deseen.

El propio Gumersindo cuenta como los “acosa” con cualquier tipo de argumentos y bellas palabras:

-En su diario cuenta como a don Tregidi, que se había negado a recibir cualquier asistencia religiosa, lo convence en el último momento cuando están en el camión camino de la tapia del cementerio donde fue fusilado el 22 de junio de 1937.

-Más reprochable es la actitud que tiene con un preso miliciano de Villahermosa, Castejón de la Plana, que se había negado en repetidas ocasiones a aceptar los sacramentos y la confesión y al que finalmente convence cuando está en la tapia del cementerio con los ojos vendados, de espaladas a sus asesinos y a punto de ser fusilado el 14 de mayo de 1938.

- Y tampoco tiene miramientos de recurrir a distintos trucos para conseguir la salvación de sus almas, como reconoce al describir las últimas horas de un vecino de Castelserás apellidado Martín el cual estaba perdiendo mucho tiempo en escribir una carta de despedida a su madre en vez de confesarse. Por lo que Gumersindo hizo llamar a un fraile de su Convento, que casualmente conocía el pueblo del condenado, para que le “meta prisa 2en confesarse y dejar la carta de su madre, algo que acabará haciendo Martín antes de ser ejecutado a Garrote Vil el 1 de junio de 1938.

-Y lo más reprochable e incluso humillantes es que reconoce dar la extremaunción y la absolución a reos fusilados que han negado cualquier atención religiosa, como cuenta en repetidas fechas de su diario.

Sí que es valorable el papel importante que juegan para la historiografía los diarios y escritos de Gumersindo. Pero no estamos podemos estamos de acuerdo con la valoración de su figura política, Gumersindo no deja de ser un colaborador del Régimen, y que pone por encima de los intereses personales e ideológicos de los reos condenados a muerte los suyos propios y los de “su” Iglesia.

Hay muchos zaragozanos y zaragozanas, o aragoneses, que merecen antes que Gumersindo, no sólo un reconocimiento sino, ser rescatados del silencio y oscurantismo al que les condenó la Dictadura y luego la Transición por el trabajo y la labor que llevaron a cabo por la lucha contra el franquismo, labor que en muchos casos les costó la vida, y que fue mucho más lejos que dejar por escrito un testimonio, por mucho valor histórico que tenga.

Área de Memoria Histórica de CGT

Comentarios | 2 mensajes

  • Fran
    Le 20 de octubre de 2014 à 16:29

    Muy interesante el artículo. Creo que las categorías emic y etic vendrían muy bien para explicar la conducta ética de esta persona. Como lo vería él, y como se vería desde fuera por un observador. Entiendo los sentimientos encontrados y contradictorios . Creo que se le puede rendir homenaje, pero como bien decís otros lo merecían más antes.

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  • gusfarlane
    Le 31 de marzo de 2014 à 17:28

    Completamente de acuerdo. La lectura de las memorias de Gumersindo de Estella siempre me trasladaron la impresión de que los supuestos desvelos del fraile por sus víctimas, más que responder a una inclinación humanitaria, respondían a la necesidad de cumplimentar con las normas del dogma católico. Era el cumplimiento de su oficio y su responsabilidad como eclesiástico, lo que le impelía a actuar de esa manera con los reos de muerte. Desde esta perspectiva caben a mi juicio dos interpretaciones: o era incapaz de entender la dignidad del no-creyentey actuaba "generosamente", pensando que logrando la absolución repercutiría beneficiosamente en el reo; o directamente su insistencia y supuestos buenos propósitos escondían llanamente la necesidad de cumplir su cometido y devolver a los no-creyentes al rebaño. En cualquier caso, y sin desemerecer el valor como testimonio, convendría llevar a cabo una lectura menos simplificada de estas memorias.

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